Ella me dijo que me fuera a la mierda. Y yo lo hice pasando
por un tubo mental de materia fecal y hiervas para la artritis. El último
pecado que cometí, viajando por ese fragante agujero, por cierto, fue
emborracharme, salir a bailar y hablar más de la cuenta en la madrugada. Eres un hijo de
las mil putas, me gritaba, mientras la saliva, con la que antes me había amado,
le salía a chorros por la boca. Te van a cortar el pico, la verga, me gritó. Entonces
yo llegué al final del recorrido. Mi ropa estaba mojada y manchada de mierda y
arrodillarme y orar no fue suficiente. Belga Corta Verga, decía una canción. Más
bien un grupo. Mi cuerpo empezó a tiritar y segundo a segundo fui normalizando
mi presión arterial. Y Jesucrito Allín también estaba ahí. Yo lo vi parado en
una esquina. Estaba desnudo, transpirando alcohol y lsd. Te voy a cortar la
verga, recordaba su voz escupiendo rabia, mientras, otra verga cepillaba mi
cabeza, con ruido, estridencia y mal humor.