Ella me dijo que me fuera a la mierda. Y yo lo hice pasando
por un tubo mental de materia fecal y hiervas para la artritis. El último
pecado que cometí, viajando por ese fragante agujero, por cierto, fue
emborracharme, salir a bailar y hablar más de la cuenta en la madrugada. Eres un hijo de
las mil putas, me gritaba, mientras la saliva, con la que antes me había amado,
le salía a chorros por la boca. Te van a cortar el pico, la verga, me gritó. Entonces
yo llegué al final del recorrido. Mi ropa estaba mojada y manchada de mierda y
arrodillarme y orar no fue suficiente. Belga Corta Verga, decía una canción. Más
bien un grupo. Mi cuerpo empezó a tiritar y segundo a segundo fui normalizando
mi presión arterial. Y Jesucrito Allín también estaba ahí. Yo lo vi parado en
una esquina. Estaba desnudo, transpirando alcohol y lsd. Te voy a cortar la
verga, recordaba su voz escupiendo rabia, mientras, otra verga cepillaba mi
cabeza, con ruido, estridencia y mal humor.
lunes, 9 de febrero de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
Música Marciana
La música no sólo se puede escuchar mediante los oídos. Hay casos en que, por el efecto de ciertas drogas duras, se puede oír desde las vísceras, los huesos y los colores. Este puede ser el caso de la música reptiliana de los poetas marcianos. Pero para ser justos, más allá de tripas, cavidades óseas y el tinte y el cromatismo entre el blanco y el negro, la música de estos hombres venidos de un planeta aún no encontrado, puede escucharse desde las letras, desde las palabras, desde la poesía. Un par de acordes y la máquina rítmico-melódica empieza a trabajar. Entre una atmósfera minimalista y un par de progresiones rockeras, es posible entrar en una propuesta que intenta ser un compendio de diversos materiales intra y extra terrestres. La música electrónica también entra en juego. De ahí quizá se pueda escuchar, dentro de las melodías marcianas, a Alan Vega o a Suicide, a Luca Prodan o Sumo, a Pierre Schaffer, a Karlheinz Stockhausen, o Mauricio Kagel. Entonces el cielo se rasga, caen unos cuantos sujetos con cascos de motos y trajes de astronautas, y desde el polvo y el ruido que ha desatado su llegada a la tierra, van de inmediato a tocar un par de instrumentos en medio del fin de una época espeluznante. La música nos devora, dejémosla fluir.
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