La música no sólo se puede escuchar mediante los oídos. Hay casos en que, por el efecto de ciertas drogas duras, se puede oír desde las vísceras, los huesos y los colores. Este puede ser el caso de la música reptiliana de los poetas marcianos. Pero para ser justos, más allá de tripas, cavidades óseas y el tinte y el cromatismo entre el blanco y el negro, la música de estos hombres venidos de un planeta aún no encontrado, puede escucharse desde las letras, desde las palabras, desde la poesía. Un par de acordes y la máquina rítmico-melódica empieza a trabajar. Entre una atmósfera minimalista y un par de progresiones rockeras, es posible entrar en una propuesta que intenta ser un compendio de diversos materiales intra y extra terrestres. La música electrónica también entra en juego. De ahí quizá se pueda escuchar, dentro de las melodías marcianas, a Alan Vega o a Suicide, a Luca Prodan o Sumo, a Pierre Schaffer, a Karlheinz Stockhausen, o Mauricio Kagel. Entonces el cielo se rasga, caen unos cuantos sujetos con cascos de motos y trajes de astronautas, y desde el polvo y el ruido que ha desatado su llegada a la tierra, van de inmediato a tocar un par de instrumentos en medio del fin de una época espeluznante. La música nos devora, dejémosla fluir.
domingo, 18 de enero de 2015
Música Marciana
La música no sólo se puede escuchar mediante los oídos. Hay casos en que, por el efecto de ciertas drogas duras, se puede oír desde las vísceras, los huesos y los colores. Este puede ser el caso de la música reptiliana de los poetas marcianos. Pero para ser justos, más allá de tripas, cavidades óseas y el tinte y el cromatismo entre el blanco y el negro, la música de estos hombres venidos de un planeta aún no encontrado, puede escucharse desde las letras, desde las palabras, desde la poesía. Un par de acordes y la máquina rítmico-melódica empieza a trabajar. Entre una atmósfera minimalista y un par de progresiones rockeras, es posible entrar en una propuesta que intenta ser un compendio de diversos materiales intra y extra terrestres. La música electrónica también entra en juego. De ahí quizá se pueda escuchar, dentro de las melodías marcianas, a Alan Vega o a Suicide, a Luca Prodan o Sumo, a Pierre Schaffer, a Karlheinz Stockhausen, o Mauricio Kagel. Entonces el cielo se rasga, caen unos cuantos sujetos con cascos de motos y trajes de astronautas, y desde el polvo y el ruido que ha desatado su llegada a la tierra, van de inmediato a tocar un par de instrumentos en medio del fin de una época espeluznante. La música nos devora, dejémosla fluir.
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